“No se comparan manzanas con peras”: es cierto. La mayoría de las éticas lo hace igualmente, solo que de forma más encubierta. Comparar la utilidad de un ecosistema y la de un sistema económico presupone que ambos sean medibles en la misma moneda. El debate se reduce entonces a la magnitud del valor comparado.
La ética de las trayectorias pregunta de otro modo: ¿cuándo está estructuralmente permitida una comparación y cuándo fracasa categorialmente?
Una formalización posible de esta respuesta viene de la teoría de categorías. Cada dimensión A-A-P (autonomía, capacidad de conexión, persistencia) asigna evaluaciones a sistemas. En términos de teoría de categorías puede formularse como hipótesis de trabajo: una comparación estaría estructuralmente sostenida si una aplicación adecuada conservara la evaluación a través del cambio de dominio. Evaluar primero y traducir después llevaría entonces al mismo resultado que traducir primero y evaluar después.
El criterio es concreto: el micelio y el bitcoin son comparables en capacidad de conexión. La propagación en red funciona de modo estructuralmente semejante en ambos dominios. La evaluación sobrevive al cambio de dominio. En autonomía la comparación no sostiene: la autorregulación bioquímica y el consenso de protocolo siguen lógicas incompatibles. El artículo defiende aquí la tesis más fuerte: el puente se rompe estructuralmente; en esta modelización no existe ninguna traducción sólida. La formulación de este hallazgo en teoría de categorías, sin embargo, no está enteramente desarrollada. Una demostración formal de no existencia de transformaciones naturales tendría que especificar explícitamente las categorías de origen y destino, los functores de paso y la condición de naturalidad.
¿Qué se sigue de ello? La inconmensurabilidad no es un fracaso del método. Es un enunciado sobre los sistemas. El diagnóstico que defiende el artículo dice: “No puede haber traducción.” La diferencia epistémica sigue siendo decisiva. Una traducción no encontrada señala una laguna del saber. Una traducción estructuralmente imposible es un hallazgo. Como teorema de no existencia en teoría de categorías, este diagnóstico todavía no está demostrado aquí; como tesis estructural del ejemplo, constituye la afirmación que hay que examinar.
Para la gobernanza esto significa: quien compara dos trayectorias para decidir cuál se protege debe indicar por separado, para cada dimensión A-A-P, si la comparación sostiene. Allí donde no sostiene tras ese examen estructural, los cálculos de utilidad no pueden presuponer sin más un espacio común de comparación. La base de la decisión pasa de la cuantificación a la deliberación política.
Como sistemas completos, las manzanas y las peras son inconmensurables. En la aptitud para la mermelada, la comparación puede sostener. Pectina, azúcar y comportamiento en la cocción transcurren de forma estructuralmente paralela. La evaluación sobrevive al cambio de dominio.
Así de precisa tiene que volverse la ética.